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martes, 10 de septiembre de 2013

Esteladas al balcón

Ésta es la mía presenta: Diversión con banderas.

Curso de vexilología.
Hoy es uno de esos días en el que existe una especie de llamamiento para sacar las banderas al balcón. Y no es porque ningún equipo (de fútbol, basicamente), haya ganado nada.
Y si no es por eso, queda solo otra razón: el orgullo pátrio. Y ahí se quedarán, en el balcón, hasta que llueva y empiecen a oler a moho. Hasta que un día, mientras te acercas a casa, veas desde lejos la bandera y recuerdes que ha llegado el momento de quitarla. Es parecido a los adornos de Navidad: tienen fecha de caducidad y, cuando ha pasado esa fecha límite, uno tiene una sensación muy ridícula.

Sacadlas todas. Por la libertad que, ahora más que nunca, hace tanta falta. Hay unas cuantas.

Brasil

Burkina Faso

Chile

China

Cuba

EE. UU.

Estelada (Bandera pro-independentista catalana)

Honduras

Madrid

Panamá

Puerto Rico

Turquía

Unión Europea

Venezuela

Esta entrada es un prólogo al texto que he preparado para el tema de la independencia de Cataluña con motivo del 11-S. No puedo decir que sea muy esperado, pero sí que es cierto que ha habido algunas voces muy tímidas que me han pedido una tercera entrega.
Qué mejor que un 11-S para hablar de la independencia en Cataluña.

lunes, 26 de agosto de 2013

¿Liberales?



Siempre me ha llamado la atención lo rancio de promulgar el añejo espíritu del franquismo. Nunca lo he entendido. Y la verdad es que es algo que llevo viendo y oyendo toda la vida. Siempre hay alguien que dice “con Franco esto no pasaba”. Y se quedan tan anchos. No le veo sentido ninguno a vivir constantemente anclado en el pasado, sea o no sea antidemocrático. No tiene sentido añorar una dictadura.
Si hay algo con lo que no estás de acuerdo en la actualidad, movilízate y trata de cambiarlo. Pero mentar una dictadura es deleznable.

Que no hayamos sido capaces de construir una democracia digna después de una época de represión y tras una guerra civil, dice mucho del pueblo español. Al margen de la situación actual. Aunque en realidad, no se puede desligar una cosa de la otra, porque una cosa es consecuencia directa de la otra.
Nuestros políticos son unos miserables porque son los hijos de los miserables que nos oprimieron en su día.

Insisto: yo no viví esa época y lo cierto es que la información que me ha llegado jamás ha sido ni amplia ni objetiva.
Ni puta falta que me hace.
Así que lo digo.
Me importa una mierda cómo se vivía hace cincuenta años en mi país. Tal vez hubiese penurias o tal vez no. En cualquier caso, ¿en qué me afecta a mí? Lo que me afecta es la situación actual.
Pero me llama la atención ver a gente más joven que yo, y que militan en partidos políticos de hoy, vivir anclados en un pasado que les resulta completamente ajeno.



Estos son los políticos del futuro. Los elegidos para representarnos, para dirigir y gobernar el país. Con toda probabilidad tendrán estudios y habrán cursado sus carreras en las más prestigiosas universidades privadas.
El problema es que no sabrán hacer la O con un canuto. Tendrán diversos másters y cursos, pero querrán imponernos sus rancias ideas de represión. Querrán volver a convertir España en ese imperio de banderas preconstitucionales, al margen de los derechos sociales y el estado de bienestar. Eso no es algo que les pueda preocupar, ya que sus padres y abuelos les han inculcado que lo que realmente necesita un país es que sus ciudadanos sean súbditos de una bandera y esa bandera represente los valores que ellos consideren oportunos. Al fin y al cabo, son los mismos que les están asegurando un futuro lleno de bolsas de basura enterradas en el jardín.

No es éste el fascismo que hay que temer, puesto que solo son una mandada de hienas, tratando de abrirse paso a empujones en un mundo de comodidades, en el que hay que hacerse hueco a codazos y pisando al prójimo. La política española. No son estos, los pequeños bastardos de la moral, de los que tenemos que estar pendientes.
Es a sus padres a los que hay que temer. Los que nos cuelan la derecha liberal por la puerta de atrás, con sus recortes en educación, recortes en sanidad y recortes en investigación. Éstos son los que están esterilizando nuestro futuro. Rodeados de corrupción y enseñando a sus hijos a hacer las cosas. 

No entiendo por qué se llama liberales si liberal se asocia a libertad y, lo que menos representa esta gente, es precisamente la libertad. ¿Es por el liberalismo económico? Porque hacer que la economía esté en manos de dos personas, mientras le quitas el dinero a los que, al mismo tiempo, instas a gastar y consumir, es la evidencia de su falta de lógica económica. 

¿Por qué liberal?

Seguramente, resulten ser el no va más...

¿Lo pilláis? El "No Va Más".

El NON PLUS ULTRA

sábado, 22 de junio de 2013

Despotismo Ilustrado



Eurovegas es el modelo a seguir.

Es una afirmación. Meditemos.

Nuestros políticos nos han dicho, por activa y por pasiva, que hay que crear empleo y un casino de estas características, es la solución.
Y justo después nos dicen que no todo el mundo puede estudiar una carrera. Que somos un país de servicios y no tiene sentido que la ciudadanía tenga estudios superiores si, en definitiva, van a ser camareros, crupieres, vigilantes de seguridad, empleados de mantenimiento o timadores.
Los que sí que estudiarán serán los directores del casino, los adjuntos, abogados, asesores, departamento de márquetin… pero claro, esos son los hijos de los políticos, que sí habrán podido pagar las tasas para la universidad y posteriormente tendrán asignado el puesto en las empresas que les deben los favores a sus padres.

Sigamos meditando.

¿Cuál es el problema en que, siendo un país de servicios, tengamos una titulación superior? Las trabas para que un trabajador se sienta perdido no están en la sobrecualificación. Sin duda es un factor. Un individuo con una licenciatura y un doctorado, puede que no se sienta a gusto como reponedor en un supermercado. Pero por lo general, si las condiciones laborales son buenas y el salario da para vivir una vida repleta de opciones, un trabajador no se va a quejar.
El verdadero problema es cobrar una miseria, tener un horario que no te permite compaginar con la vida y unas condiciones que rozan la opresión.
Nadie pondrá en duda que hay que cubrir todos los puestos de trabajo que se requieran para que un país salga adelante y tenga todos los servicios rindiendo con plenitud.
El verdadero problema reside en la desigualdad social. Nuestra sociedad ha establecido que un reponedor y una dependienta de una tienda de ropa tienen que cobrar el salario mínimo interprofesional, que está por los suelos, todo hay que decirlo. Un camarero y un barrendero cobran el salario mínimo establecido en el convenio y, tal vez, algún plus para compensar. Un técnico de mantenimiento que trabaja a turnos se lleva a casa lo que marca el convenio, mas el plus de nocturnidad, mas fines de semana, mas guardias…
Eso sí: tienes que demostrar que estás cualificado y tener experiencia. Y aún así, empiezas con la categoría más baja y, a medida que protestes, ya te irán subiendo algo el salario.

El verdadero problema es que, para ser político, tienes que tener amigos, contactos y familia, no una preparación. No hace falta una vocación de servicio.
Así los tenemos, preocupados por las dietas, los gintonics, los sobresueldos y los gastos de representación.
Ahora, preguntadles que digan toda esta diatriba en inglés. Se pondrán nerviosos (sólo un poquito) y buscarán desesperadamente con la mirada al traductor.
El verdadero problema es que nuestros queridos dirigentes no tienen ningún interés en mejorar nuestra situación. Lo que les mueve es perpetuar la suya: de comodidad, de placidez, ese tren de vida pagado con nuestros impuestos, las mentiras que tapan verdades y las verdades que no se permiten que salgan a la luz.
Ellos, que han recibido la misma educación que nosotros, son los encargados de gestionar la educación que perpetuará su situación de comodidades.

Ellos: nosotros, que hemos aprendido idiomas de forma negligente, son los que pretenden solucionar el inexistente problema de la segunda lengua en comunidades con un idioma autóctono. Han creado problemas que no existen para solucionarlos desde la ignorancia que otorga la distancia. Desde el desconocimiento de la idiosincrasia del pueblo quieren solucionar los problemas del pueblo.
Pero sin preguntar.

Es el despotismo ilustrado del siglo XXI.

Pero, tranquilos, que la siguiente generación no sabrá lo que es el despotismo ilustrado. Y así solucionan las cosas ellos.

domingo, 26 de mayo de 2013

Black Metal en Bergen




El Black Metal, para un seguidor del Heavy Metal, siempre es un reclamo turístico. Sobretodo si uno tiene la posibilidad de visitar una de las ciudades donde se forjó el movimiento.
El viajero elige una ciudad a visitar basándose en el interés que despierta ese destino en base a lo que conoce o quiere conocer de dicha localidad.
En mi caso, siempre he admirado a Noruega en el aspecto socio-económico, pero también en el político y cultural. Es un país que funciona en lo social porque los ciudadanos son lo más importante; sus políticos son responsables… pero, sobretodo, porque tuvieron la suerte de encontrar petróleo y eso les sacó de la pobreza y, aunque es evidente que descubrir petróleo ha ayudado a que la economía prospere, es la forma de gestionar esa riqueza lo que es digno de mi admiración. Toda la riqueza que genera, es gestionada por el estado.
No nos engañemos: en España, en la misma situación, el descubrimiento pasaría a manos privadas y los políticos meterían las manos.

Esa es la diferencia.

Los fiordos, las vistas, las actividades, la aurora boreal, el sol de medianoche, Sverd i fjell, Preikestolen… Es evidente que todos esos reclamos no me son desconocidos, pero sí lejanos, ya que no puedo permitirme disfrutarlos.

Kvitrafn
Lo que he de reconocer es que el Black Metal ha jugado un papel importante en la atención que le he prestado siempre a Noruega. No ha sido el todo, pero sí ha influido para que el interés se incrementase. Siempre me ha llamado la atención que un país que socialmente es tan avanzado, muestre interés por lo que el Black Metal expresa.
Y una ayuda fundamental fue la publicación fotográfica de Peter Beste. Tanto es así que mi cabecera de Facebook es una imagen que precisamente fue tomada en Bergen. Durante los días que he estado de visita en la ciudad he intentado encontrar ese punto exacto de forma incansable, pero no he conseguido dar con las coordenadas concretas. Nadie supo decirme el lugar exacto y además la ciudad cuenta con un paisaje arquitectónico que tiene mucho parecido. Esa calle podría estar en cualquier parte de la ciudad, ya que se extiende a lo ancho y abarca grandes cantidades de terreno. 



Gaahl
Lo más curioso que me sucedió fue nada más bajar del avión…
Lo primero que hicimos fue buscar el autobús que nos llevaría hacia el centro de Bergen, donde teníamos el hotel. Cuál fue mi sorpresa al mirar alrededor una vez estaba acomodado en mi asiento y observando las vistas, cuando crucé la mirada nada más y nada menos que con Gaahl. Ahí estaba: tres asientos detrás de mí y a mi derecha. Increíble.
Lo más curioso es que nos bajamos en la misma parada: Christies gate. Volvimos a cruzar las miradas al bajar del autobús. Él buscaba a alguien que, con el pelo largo y una camiseta de Death, probablemente le reconocería. Yo buscaba confirmar que era él.


Mi interés por la asociación entre Bergen y la música se limitaba a poder recrear la anterior foto de mi cabecera de Facebook y poder visitar la iglesia de Fantoft, aunque un souvenir en forma de disco o prenda no quedaba en absoluto descartado. Lo primero no pudo ser y la visita a Fantoft stavkirken era obligada. Impresionante. Originalmente construída en Fortun, Sogn en el año 1150 y trasladada a Fantoft en 1883. El resto de la historia que la acompaña es ya mítica. Lo que me llamó la atención es el increíble número de iglesias que hay en Bergen.
El asedio de la religión debió ser impresionante. Deduzco que de ahí que haya surgido un movimiento como el Black Metal. Casi por necesidad para protestar ante una invasión de ese calibre.

E.P. de Burzum. Aske

En cuanto a la música, pude acceder a alguna tienda y encontrar algo de Black Metal, aunque muy poco. Dado que los precios no resultaban atractivos para un turista español, decidí no adquirir nada. No logré encontrar nada que mereciese la pena y que no pudiese encontrar aquí a un precio más asequible.
Disfruté de alguna cerveza en míticos locales como Garage, justo al lado del hotel en el que nos hospedábamos y Apollon, justo al lado. Una tienda de discos que es bar y un bar que es tienda de discos. Una idea excepcional. 
Los precios, también noruegos, como es lógico.

Estoy casi seguro de que el tema del Black Metal es algo que en Noruega no se toma a la ligera y que seguramente quieren tener lo más controlado posible, ya que siempre es susceptible de atraer a alguien con interés en llamar la atención.
Lo que es innegable es que son conscientes de que despierta interés, ya que hace poco se obligó a los diplomáticos noruegos a aprender lo que es el Black Metal y la proyección que tiene éste género en el resto del mundo. Y eso es reconocer la importancia de algo.

Creo que no lo explotan lo suficiente. Al menos me esperaba más presencia de este género musical a pie de calle o cierto reclamo turístico. Lo usan como atracción y luego te encandilan con sus vistas.

Lo grande de Bergen es que la gente escucha Black Metal aunque no lo aparente. Para ellos es algo tan cotidiano como escuchar Rihanna o Bon Jovi, que tocaba precisamente el mismo día que nos íbamos.
Otra cosa que me llamó la atención es que el auditorio de la ciudad albergue conciertos de todo tipo de música. Es lógico que un edificio construido con la intención de que tenga la mejor acústica posible esté destinado a que se ofrezcan conciertos en él y, por tanto, cualquier género musical pueda disfrutar de la mejor acústica posible.
Otra cosa es que aquí sea absolutamente impensable.



Shame on me.

sábado, 25 de mayo de 2013

Comida en Bergen



Bergen tiene algo que me llamó mucho la atención: al igual que en Londres y París, aunque con las evidentes diferencias, tienen una necesidad constante de consumir calorías, como es lógico debido al frío. Por ello, tienen a su disposición innumerables tiendas y puestos para poder consumir comida en cualquier momento. La cadena 7eleven tiene mucha presencia y la comida “rápida” para consumir es la tónica.
Lo del café es un tema aparte…
Consumen café americano: aguado, sin azúcar, para llevar.
Lo mejor es que saben lo que es un “cortado”, porque lo llaman igual y el concepto es el mismo. El problema es que toman café de máquina que sirve la dosis concreta. Además, usan el autoservicio. Te lo preparas, le pones la tapa para llevártelo (como el Starbucks), pagas y te vas. En casi todos los comercios. Toman café de forma compulsiva. Como yo… pero a mí me gusta el café de verdad. Soy de morro fino.

Lo que consumen no llega a ser “comida basura”, pero sí que es extremadamente calórica. En París se suele hacer ciertas comidas a media mañana o a media tarde en los parques, adquiriendo productos en panaderías, donde la oferta es muy variada.
En Bergen lo más sano que puedes consumir son bocadillos naturales en el puerto, frente a Bryggen. Los bocadillos de gambas o salmón se consumen con ganas, al igual que platos algo más elaborados, aunque con precios que para un español resultan altos.

En cuanto al sabor, llama la atención la forma de especiar y el cambio de ciertos sabores. Todo es muy sabroso y cae con pesadez.
Desgraciadamente, no pude deleitarme en un restaurante, ya que mi economía no llegaba a tales cotas. Por lo que pude observar en las cartas que se ponen en las puertas de los restaurantes a modo de reclamo, lo más predominante suelen ser pizzas y pasta. Había restaurantes de corte oriental, y con la facilidad que tienen para conseguir pescado fresco, pensé que el sushi estaría más a nuestro alcance. Desgraciadamente, me equivoqué.
Una noche tuvimos que cenar en un Burguer King, con la esperanza de dar cierto descanso a nuestros estómagos y bolsillos. Dos menús normales nos costaron 25 euros al cambio. ¿El sabor? Exactamente el mismo que aquí.
Otra noche nos pudimos deleitar en un restaurante rockero. Habíamos leído que las mejores hamburguesas se sirven allí, así que, en vista de que es un plato muy extendido, nos decidimos a probarlas allí. Efectivamente, excepcionales. El precio, teniendo en cuenta el nivel del resto, muy aceptable. Incluso diría que muy parecido al de aquí. Mereció la pena.
Como es lógico, nuestra forma de consumir se adaptó a la necesidad de dosificar las energías para aguantar las largas jornadas de caminatas y que también se acomodaron a nuestros sufridos bolsillos.

Lo más sencillo, ya que habíamos contratado un hotel con cocina comunitaria, precisamente con la intención de poner en práctica la filosofía Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como), era realizar ciertas visitas a supermercados, tratando de hacer acopio de materias primas para poder preparar algo.
Lo que conseguimos fueron ensaladas prefabricadas en mini dosis, latas de espaguetis con albóndigas, pan con cereales, frutos secos, chocolate… y poco más.

Como es lógico, toda esta diatriba está basada en cuatro únicos días de experiencia y localizada en el centro de una ciudad con bastante turismo. Tal vez viviendo allí se aprendan lugares donde realizar compra de calidad para alguien con unas necesidades culinarias más… exquisitas.

Ojala pudiese hacer una comparativa gastronómica con todos los países que me gustaría visitar. Desgraciadamente mis viajes al extranjero se resumen a tres países. Me gustaría poder viajar mucho más, pero de momento la economía no me lo permite.

Por lo poco que he podido comparar, he llegado a la pronta conclusión de que nuestra gastronomía es privilegiada. Es una herencia que deberíamos atesorar, proteger y defender. No es mérito nuestro tener algo tan valioso, pero sí saber conservarlo.

Cada país tiene la gastronomía que se adapta a sus necesidades. Al menos eso es lo que pienso si medito con detenimiento, aunque cuando visité Londres, y basándome en esta conclusión, cabría decir que si los londinenses son lo que comen, carecen de identidad.
Francia, en cambio, tiene una concepción de la comida muy similar a la nuestra, aunque siempre han cuidado la presentación más que nosotros. Salvando las diferencias europeas, lo cierto es que nuestras cocinas son muy similares. Deduzco que Italia y Grecia deben ser también muy similares, ya que compartimos la dieta mediterránea y he podido degustar sus platos en restaurantes.

Las prisas, el estrés, el trabajo, la necesidad, el dinero… No podemos permitir que eso nos quite nuestra dieta.
Tal vez deberíamos aprender del resto de Europa a cuándo comer, pero nunca el qué. Deberíamos erradicar el concepto que tenemos de cenar mucho y tarde, porque es el principal motivo para tener sobrepeso. En otros países cenan a las siete de la tarde y después van al cine, a pasear o a realizar cualquier otra actividad. Si te vas a quedar en casa viendo una serie, lo más razonable es cenar de forma muy ligera. Es el desayuno lo que deberíamos hacer de forma más fuerte.

jueves, 11 de octubre de 2012

12 de Octubre



El 12 de octubre es el Día de la Hispanidad o la también denominada Fiesta de España. Yo creía que eran los toros, pero oye: yo sólo soy un humilde bloggero que se limita a decir lo que piensa, y no pretendo aleccionar a nadie.
Que cada nación tenga su día concreto del orgullo patrio es algo tan normal como que cada persona celebre un día determinado su propio nacimiento. Estas fechas se establecen por motivos históricos puntuales y suelen estar precedidos por acontecimientos muy importantes. Lo que España reconoce en esa fecha es el descubrimiento de América, nada más y nada menos. (Lo curioso es que el continente lleve el nombre por Américo Vespucio)
Esto me lleva irremediablemente a recordar a todo el mundo que lo que celebramos, en realidad, es creer que se había llegado a la India a través de una ruta alternativa. O sea, que España celebra el despiste y la ignorancia: el no saber hacia dónde va ni de dónde viene. Muy español, si nos paramos a pensar.
Lo cierto es que históricamente el descubrimiento de América es algo muy importante porque era una cuestión de tiempo que alguien se topase con algo que llevaba ahí desde el principio de los días, pero fueron nuestros antepasados y no los de otros y eso es digno de mención. Nosotros fuimos allí y enseñamos a los lugareños las bondades de sus nuevos líderes. Nuestra religión, nuestra lengua, leyes… Resumiendo: les “españolizamos”. Y pensar que quinientos años después sigue estando tan arraigado este tema, me llena de orgullo. Lo que no me explico es porqué lo celebramos nosotros y no se nos suman los países a los que tanto se les aportó.

Pero no voy a esto. Lo que me llama la atención es que, al mismo tiempo, sea el Día de las Fuerzas Armadas.
No voy a hacer una reflexión al uso sobre Tólstoi, margaritas en el agujerito de las escopetas o los hippies, el amor y la maría…
Yo quiero reflexionar sobre el uso y sentido del ejército en España en pleno año 2012. Como la intención es mirar hacia delante, y no quedarme en este año, mejor enfocarlo al Siglo XXI.

La idea de tener un ejército profesional es una evidente mejora de lo que había hace unos años, cuando yo tenía edad para hacer el servicio militar y del que conseguí escabullirme (demostrando sin duda que estaba más que justificado que no necesitaba hacer dicho servicio al dominar el magnífico arte del escaqueo). Si hablamos de defender la patria, lo suyo es dejarlo en manos de personal preparado, con vocación y profesionalidad. Algo tan serio no se puede dejar en manos de post adolescentes enfadados que únicamente piensan en tocarle el culo a las chavalas y que están resentidos con esa patria que les obliga a hacer el paripé con un Cecme en mal estado.
Lo que yo no entiendo muy bien, por eso de no haber hecho la mili, supongo, es la rutina de un profesional: de un soldado. Me pregunto qué hace al cabo del día (o sargento, si tiene rango) un profesional de la defensa del país. Como no estamos en guerra con nadie, supongo que estará de “maniobras”, afinando su puntería, limpiando carros blindados o poniendo a punto su fusil. Digo yo que hay que mantener la maquinaria bélica bien engrasada y nada mejor para ello que nuestros soldados estén en plena forma. O sea, que hay gente que cobra por jugar al Paintball. O a Softball, que para esto hay mucha división.
Oye, qué chollo, ¿no? Levantarse por la mañana, desayunar, hacer el petate (nunca mejor dicho) e ir a pegar unos tiros con los colegas. Tiene que dar mucho gustito poder decir a un compañero: “Meencanta el olor a pintura por la mañana. Huele a… Victoria”. Si no dices eso, no eres un jugador de Paintball. Esto y sólo esto es lo que hace que me decante más por esta modalidad ante el Softball. ¿Qué chascarrillo se usa con el último? Ninguno, que yo sepa. Además, con la pintura todo es más legal y aséptico. No hay lugar a la trampa.
Después de hacer la gracia, me voy a poner serio.

No veo sentido a derrochar el dinero en un armamento que no sirve para nada y en tener a gente mirando a las musarañas (o al menos dar esa sensación). No somos un país beligerante. Lo único que hacemos es sacar de paseo todo nuestro arsenal una vez al año y hacer demostración de fuerza. El paripé, que se suele decir. Un vano intento por demostrar lo necesario del ejército. Creo en la necesidad como concepto, pero no de la forma que está enfocado.
No necesitamos, para nada, un ingente número de carros blindados, tanques, aviones supersónicos, bombas de racimo, subfusiles, bazookas, helicópteros, ni armas de asalto. Así lo único que hacemos es acumular arsenal que tarde o temprano quedará obsoleto, mientras nuestra educación y sanidad se ven afectadas por los recortes y seriamente comprometidas.
Tal vez va siendo hora de utilizar el ejército para servir al pueblo y no para “defenderlo”. Aparte de la preparación en tácticas de combate, asalto, sitio, y demás, lo lógico, creo, sería enseñar a nuestros soldados en materia de rescate civil, extinción de incendios, preparación ante posibles desastres climatológicos… etc. Prefiero saber que tengo a un buen número de ciudadanos preparados para rescatar gente en la alta montaña, expertos en apagar fuegos o abrir cortafuegos, gente formada en la búsqueda y rescate de personas ante riadas, volcanes o terremotos, que echarme a temblar cada vez que alguien habla de “ejército”. Y más ahora. Siempre se habla del ejército en estos términos, pero si nadie tiene esa primera imagen al hablar ellos, tal vez vaya siendo hora de hacer un lavado de cara y verdaderamente enfocarlo a las necesidades de la población.
¿Y si invertimos el dinero destinado a armamento en la compra de material destinado a rescate? ¿Y si enfocamos todo esto de otra manera? Tal vez no sea el más indicado por desconocimiento. Procuro aportar ideas, nada más.

Que me puedo estar equivocando, está claro. Pero mi conciencia me sigue diciendo que no tiene mucho sentido malgastar el dinero en algo que no vamos a utilizar.
Otra cosa es que me digan que, para amortizar todo esto, le vamos a declarar la guerra a algún país con el fin de expoliarlo. En ese caso, aunque estoy en contra de la guerra, al menos sabría que los militares se están ganando el pan y están haciendo su trabajo: la guerra. Que yo personalmente, en el hipotético caso de mostrar una actitud beligerante, empezaría por países pequeños y que planteen un reto a nivel sparring. Algo así como el equivalente al nivel “fácil” en el Call of Duty. Para ir poco a poco y avanzando con confianza. Y luego, pues ya iremos a por un pez más gordo. Ya se hizo un amago con lo de Perejil y una posterior incursión en Irak con el primo de Zumosol al lado, eso sí.

Al mismo tiempo conseguiríamos aunar el Día de la Hispanidad, el Día del Pilar, la Fiesta Nacional y el Día de las Fuerzas Armadas, quedando así unificado en un único concepto como es “Españolizar”. Y así el significado queda claro y todos tenemos algo que celebrar en común. Más que nada porque, ahora mismo, la gente se pierde: no sabe qué celebrar. Y así hacemos un lavado de cara con eso de “españolizar”, que ahora mismo, pues como que de la noche a la mañana a todos nos inspira cierto sentimiento casposo y rancio.

Al margen del humor, la reflexión que me gustaría que quedara es que no tiene mucho sentido que tengamos un Ejército, que al fin y al cabo es una herramienta, si no vamos a ser capaces de adaptarla y aprender a usarla. No tiene sentido invertir en algo que no renta.

Renovarse o morir, dicen.